Navegando el Dolor

3 Verdades Para Afrontar el Duelo

La silla vacía, la canción favorita o las fotos antiguas despiertan una profunda tristeza por aquellos que ya no están con nosotros. En las últimas semanas, Dios ha usado el Salmo 31 para ministrar a mi propio corazón. Trata sobre el duelo y la adversidad. Ya sea en un solo instante o a causa de una enfermedad lenta y debilitante, todos hemos experimentado algún grado de pérdida. No hay dos personas que vivan la misma experiencia. No hay dos muertes que se sientan de la misma manera. Sin embargo, es al mismo Dios a quien debemos acudir.

En todo tipo de dificultad, Dios está presente. Todo dolor es permitido por nuestro Padre celestial; Él sabe lo que es mejor. Es nuestro Salvador quien lleva nuestras cargas y nos sostiene a través de las aguas profundas. Sin embargo, incluso aquellos que han experimentado la paz divina de Dios en medio de su duelo siguen sintiendo una profunda pérdida e incluso soledad durante temporadas especiales. Los cumpleaños, aniversarios, días festivos e incluso los lugares y las costumbres nos recuerdan a quienes hicieron que esas ocasiones fueran tan especiales.

Mantener la perspectiva correcta es esencial mientras atravesamos el duelo. El dolor es real. La aflicción permanece. Nuestra mente se siente abrumada. La diferencia está en cómo respondemos.

Mira lo que Dios Ha Hecho Por Ti

“Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias.” (Salmo 31:7)

¿Ves la relación que hay ahí? Es a través del sufrimiento, la aflicción, la tentación y las dificultades como Dios fortalece nuestros corazones. Fíjate, sin embargo, en aquello por lo que debemos regocijarnos. No debemos regocijarnos por la pérdida de nuestros seres queridos. No somos como los antiguos estoicos, que veían el sufrimiento como un medio para alcanzar un yo superior. Al contrario, comprendemos que necesitamos más de Él. Aprendemos a regocijarnos en la misericordia de Dios. Al encontrarnos con el Pastor fiel que nos guía a través de la oscuridad, nos regocijamos en su fidelidad.

Acercarnos a Dios en Momentos de Angustia

“Has conocido mi alma en las angustias.” (Salmo 31:7)

Ahora bien, esta es una palabra diferente tanto en el hebreo como en el inglés. “Angustias” se refiere a las dificultades que sobrevienen a nuestra mente y a nuestra alma; es la batalla de las emociones durante una prueba. En las Escrituras, esta palabra se usa a menudo en el contexto del duelo o la tristeza. Por ejemplo, el Salmo 116:3 dice:

“Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado.” (Salmo 116:3)

Quienes han experimentado la pérdida de la persona más cercana a ellos saben exactamente lo que el salmista está describiendo. Uno puede sentirse perdido, rodeado, cercado por la sensación de pérdida. ¡Pero no podemos quedarnos allí! Considera cómo continúa el salmista:

“Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma. Clemente es Jehová, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios.”  Salmo 116:4–5

De regreso en el Salmo 30, el salmista alabó al Señor por Su bondad:

“Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. Salmo 30:1–3

¿Alguna vez Dios te ha fallado? No empezará a hacerlo ahora. Reflexiona sobre todo lo que Él ha hecho por ti en el pasado.

Mira lo que Dios Está Haciendo Por Ti

Una vez más, en los tiempos de tristeza, cuando acudimos al Señor, encontramos Sus tiernas misericordias.

“Has conocido mi alma en las angustias.” Salmo 31:7

No puede explicarse; solo puede conocerse. Nosotros lo conocemos a Él y Él conoce nuestra alma. Este no es un conocimiento académico; es íntimo. En el duelo, con frecuencia aprendemos quiénes son nuestros mejores amigos. Ellos están allí, nos animan, nos ayudan.

  • Cristo está allí: “No te desampararé, ni te dejaré.” Hebreos 13:5
  • Él nos da valor: “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.” (Salmo 31:24)
  • Él es nuestro ayudador: “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” (Hebreos 13:6)

Alexander MacLaren escribió acerca de este pasaje:

“Basta con saber que Dios ve las tristezas secretas, las pruebas ocultas que no pueden contarse a nadie. Él ama tanto como conoce, y no contempla ningún dolor que no consuele ni ninguna herida que no esté dispuesto a vendar.”

“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.”  Salmo 31:24

Si no quieres que tu aflicción, tu dolor o tu sufrimiento sean en vano, espera en Dios. Si deseas que se cumpla en ti aquello que Dios ha diseñado hacer por medio de las pruebas y los sufrimientos, espera en Dios.

El Salmo 31:1–5 nos sirve de guía:

  • Confía en Dios (v. 1): “En ti, oh Jehová, he confiado”
  • Clama a Dios (vv. 2–3): “Inclina a mí tu oído… Sé tú mi roca fuerte… Sácame de la red…”
  • Busca la dirección de Dios (v. 3): “Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.”
  • Aférrate a las promesas de Dios (v. 3): “Porque tú eres mi roca y mi castillo”
  • Encomienda tu espíritu a Dios (v. 5): “En tu mano encomiendo mi espíritu;”

Al esperar en Dios, podemos cobrar ánimo. ¿Por qué? Porque Él fortalecerá nuestro corazón. Él nos dará la fuerza que no tenemos. Dios está contigo.

El Salmo 31:5 es la clave: “En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.”  Salmo 31:5

Encomiéndate a ti mismo y tu dolor a Aquel que dio Su vida para redimirte. Cuando no entiendas, vuelve a lo que sí entiendes: el inmenso amor de Dios por ti. ¡Jesús citó esta misma Escritura mientras moría en la cruz para redimirnos (Lucas 23:46)! Se puede confiar en Él.

Ve lo que Dios Puede Hacer Por Medio De Ti

¿Notas el inspirado llamado a la acción al final del Salmo 31? David, desde su adversidad, nos exhorta:

“Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; A los fieles guarda Jehová, Y paga abundantemente al que procede con soberbia. Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.”  Salmo 31:23–24

En el Salmo 30, David expresó el propósito de su liberación:

“Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.”  Salmo 30:12

¿Te ha sacado Dios adelante después de una pérdida? Si es así, ¡alábalo por ello! Mientras alabas, Dios consuela.

Nuestro consuelo es para la gloria de Dios y el consuelo de los demás. El apóstol Pablo lo afirma:

 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:3–4

Dios puede usar nuestro dolor mucho más allá de lo que podemos ver en este momento de aflicción. Aunque esto no disminuye el dolor, nos recuerda que su camino es perfecto.

Haz tuyas las palabras de Salmo 18:30–33:

“En cuanto a Dios, perfecto es su camino,

Y acrisolada la palabra de Jehová;

Escudo es a todos los que en él esperan.

 Porque ¿quién es Dios sino solo Jehová?

¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?

 Dios es el que me ciñe de poder,

Y quien hace perfecto mi camino;

Quien hace mis pies como de ciervas,

Y me hace estar firme sobre mis alturas; (Salmo 18:30–33)

En una carta a un amigo que estaba de duelo, John Newton escribió:

“Cuando no puedas ver tu camino, conténtate con saber que Él es tu Guía. Cuando tu espíritu esté abrumado dentro de ti, Él conoce tu senda; no permitirá que te hundas. Ha dispuesto tiempos de refrigerio, y descubrirás que no se olvida de ti”.

Hace poco estaba hablando con alguien a quien amo acerca del tema del dolor y el sufrimiento. ¿Por qué un Dios bueno permite esto? Esta no es una pregunta nueva, pero es difícil. Sembrar dudas sobre la bondad de Dios es uno de los principales ataques de Satanás. Tengámoslo claro: Dios es bueno. Vivimos en un mundo marcado por el pecado y la enfermedad. Sin embargo, nuestro bondadoso Padre se inclina desde el cielo para conocer nuestra alma en medio de esas adversidades. Él permite que el dolor que experimentamos sea un camino hacia una comunión más profunda con el Dios Creador. En medio del dolor, Él trae gozo.

¿Puedo dar testimonio? Dios siempre trae verdadero gozo, incluso en las temporadas más profundas de duelo. Puede que te sientas perdido, confundido y vencido por la noche… El amanecer volverá a llegar. Y cuando llegue, no guardemos silencio. Más bien, alabemos a Aquel que estuvo con nosotros durante la noche. Aquel que nunca duerme, sino que siempre vela por sus hijos. Tal vez nunca superes por completo tu dolor. Pero mientras atraviesas los ríos del sufrimiento, Dios está contigo.

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. 2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”  Isaías 43:1–2

Querido amigo, puede que nadie llegue jamás a comprender el dolor que estás experimentando. Él sí lo comprende. Ningún ser humano puede darte la fortaleza que necesitas. Él sí lo hará. En medio del duelo, Dios será tu ayudador.


Autor: Micah Hendry

Profundizando con Dios